«Akelarre»: lo que creo que vi pero no estoy seguro si pasó

Una historia de brujas, o no. Netflix puso en su catálogo recientemente el filme «Akelarre» y el éxito ha sido abrumador.

Seis jóvenes hermosas son apresadas sin un delito claro que las incrimine. Creen que robarse una cabra, que luego devolvieron, las lleva, en un parpadeo, a la detención. Ana (Amaia Aberasturi), María (Yune Nogueiras), Maider (Jone Laspiur), Olaia (Irati Saez de Urabain), Katalin (Garazi Urkola) y Oneka (Lorea Ibarra) discuten inocentemente las razones por las que, de un momento a otro, ya no pueden, jugar, bailar o cantar libres y en constante contacto con la naturaleza. El interrogatorio es violento, tanto como la decisión que toman para buscar salir airosas de la situación.

Son bellas, sí, pero también arrebatadas, descalzas, desaliñadas. Su belleza es tan natural y auténtica como su comportamiento tosco. Cada una tiene una característica que la hace especial y diferente: belleza, inocencia, candidez, humor. En conjunto envuelven al espectador, lo hechizan, lo embrujan.

En busca de esa libertad robada, y tras entender que están allí por ser mujeres jóvenes, rebeldes, bonitas y libertarias, se plantean un objetivo: hacerle creer al juez (Àlex Brendemühl), quien las detuvo, que son brujas. Deben ganar tiempo para que los hombres de la aldea lleguen de la mar (son pescadores) y saben que es cuestión de lunas.

La astrología, como instrumento de tiempo, juega un papel importante en la historia. Lo mismo que la música, que teje el hilo argumental con canciones y sonidos sin artificios ni edulcorantes. Una canción a coro se robará el protagonismo.

Su encantamiento radica en la autenticidad

El trabajo en equipo, la astucia y mucho de lo que creo que vi pero no estoy seguro si pasó les mantendrá pegados al asiento. Porque en «Akelarre» todo es un engaño, desde lo que hacen sus protagonistas para librarse del mal que las aqueja, hasta lo que el director nos muestra para hacernos parte de su gran mentira, cuyo final queda abierto y nos deja cabezones por días.

Se presenta, además, el sistema opresor e irracional que fue la Santa Inquisición, comandada por hombres incultos llenos de prejuicios, pero también de miedos, deseos y dudas. Con el hombre reducido a nada en lo que parece un canto feminista.

Es una película de vueltas interesantes, en las que veremos a sus protagonistas cantar, bailar, rugir, correr, reír, llorar y hasta volar, o es eso lo que nos harán creer.

La narrativa es, para tratarse de una película de época, rompedora y excepcional; contada con una cámara que se vuelve personaje, todo el tiempo en tensión y arrebato. El resto deben descubrirlo.

La historia se desarrolla en el País Vasco (España) del siglo XVII y la cinta dura 90 minutos.

«Akelarre» se inspira libremente en las memorias que el juez Pierre de Lancre escribió tras recorrer pueblos en busca de brujas. A su paso condenó a decenas de mujeres a morir en la hoguera. El cineasta argentino Pablo Agüero dirige y escribe junto a Katell Guillou el guion.

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