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Aguja en el pajar

Pablo Díaz
Foto: Cortesía Antena 3
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Pablo Díaz es un violinista tinerfeño de 24 años de edad. Hace 10 días ocupó importante espacio en los medios de comunicación y en las redes sociales, después de ganar un bote de 1.828.000 euros, en el programa “Pasapalabra”, transmitido por Antena 3.

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Su participación despertó el interés del público, porque estableció varios records a lo largo de 260 emisiones y más de una vez estuvo cerca de obtener el premio que finalmente cayó en su cuenta bancaria, aunque los impuestos de la comunidad madrileña lo hayan reducido casi a la mitad.

La historia detrás del logro es peculiar. Pablo comenzó a ver el programa desde niño en casa de su abuela materna. Cuando cumplió 18 años, decidió participar y comenzó su preparación. Al cumplir los 20, hizo el primer intento y logró ser seleccionado. Sin embargo, debió retirarse, cumpliendo las condiciones del contrato firmado, cuando un compañero ganó. No tiró la toalla.

Tres años después, en 2020, aprovechó la reaparición de “Pasapalabra”, por otra televisora, para postularse. Nunca dejó de prepararse. Estudió las palabras más extrañas del diccionario, descargó programas que le permitieran examinarlas y elaboró listas con nombres de artistas, deportistas, políticos, provincias, folclor y todo aquello que pudiera generar una pregunta. Dijo el nombre de la moneda venezolana de 12 céntimos y medio con una seguridad que pocos jóvenes criollos hubieran mostrado.

Al ganar los casi dos millones de euros, el canario aseguró que su deseo era ayudar a sus padres, independizarse y seguir haciendo lo que más le gusta: estudiar. Sin duda, rara avis, en tiempos globalizados.

Echar este cuento es pertinente, porque preocupa algún síntoma detectado entre los millenials. El impacto de las redes sociales se traduce en el deseo de muchos de ellos de ser youtubers, instagramers o tiktokers, cuando “sean grandes”. Así lo reflejan recientes estudios de organizaciones internacionales.

Es lógico que nuevas actividades resulten demandadas, pero lo inquietante está en la percepción de los chicos: exhibición, fama, poco esfuerzo y dinero fácil. Peor aun cuando abundan los ejemplos de influencers sin contenido que solo acumulan seguidores por atributos físicos o por hacer estupideces.

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En un panorama así, Pablo Díaz es una referencia positiva que debería servir de inspiración. El chamo ha dedicado un cuarto de su vida a lograr un objetivo, blindado por la disciplina, la dedicación, la perseverancia y el estudio. A los 24 años, parece tener el futuro resuelto.

Nadie pide que todos sean Pablo. Menos aun cuando se cree en la pluralidad y la diversidad. Pero su tránsito es un valioso ejemplo de cómo usar las herramientas.

 

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