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Adele, entre la culpa y el empoderamiento, presenta «30»

Adele
Foto: IG @adele
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El sentimiento de culpabilidad por el final de su matrimonio lleva a Adele a firmar en «30». El álbum es un manifiesto sobre las vicisitudes del amor con su hijo como principal destinatario y con un sonido clásico y añejo. Recuerda a Barbra Streisand, Amy Winehouse o Ella Fitzgerald.

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Según reseñó EFE estas son las conclusiones de una primera y única escucha del cuarto disco de estudio de la artista británica. Saldrá este viernes 19 de noviembre bajo la vitola de ser probablemente el más esperado de 2021. Seis años pasaron del previo «25» (2015).

«30» comenzó a gestarse en 2018 tras su divorcio de Simon Konecki, del que queda un hijo de 4 años de edad. «Quería explicarle, a través de este disco, cuando tenga 20 o 30 años, quién soy y por qué elegí voluntariamente desmantelar su vida entera en pos de mi propia felicidad. Eso le hacía infeliz a veces y es una herida para mí que no sé si alguna vez podré sanar», contó en una entrevista para Vogue.

Honestidad descarnada

Con una capacidad de sobra conocida para desnudarse y exponer sus heridas sentimentales en sus álbumes anteriores, probablemente una de las canciones más honestas y vulnerables de toda su carrera llega ahora bajo el título de «My Little Love».

Ocupa el tercer lugar en el repertorio y sus formas arrojan un tema nocturno, al ritmo de un piano y de unos coros como murmullos. Pareciera el relato expiatorio concebido para su hijo mientras vela su sueño. Se incluyen fragmentos intercalados de conversaciones reales con él. En su letra se disculpa por que sus acciones lo entristecieran y se lamenta: «Tan lejos de ti / cuando tú eres el único que puede salvarme».

Son muchas las emociones detrás de «30», en el que la artista transita desde la culpabilidad hasta el reproche («Tú nunca tuviste una mujer como yo», dispara en «Woman Like Me»); pasando por la duda («Hold on») y la constatación de que debe «dejar de intentar ser otra persona» («I Drink Wine»); hasta un final más optimista en el que, con las heridas curadas, asume que «El amor es un juego para los tontos y yo estoy haciendo el tonto» («Love Is A Game»).

En ese proceso aparece casi al final la balada confesional por antonomasia del álbum. Esa que podría coger el relevo de «When We Were Young» o «Someone Like You». Titulada «To Be Loved», reflexiona sobre el valor del sacrificio o de la renuncia en el amor, antes de proclamar que esta vez no dejará en manos de otros su bienestar.

La gloria se la dará el público

«Sigo en pie», proclama en unos compases finales. En el tema su voz se va llenando de una rabia e intensidad que recuerda al «crescendo» del clásico «And I Am Telling You I’m Not Going». Esto antes de romperse la voz en una disculpa final por escogerse a sí misma: «Lo intenté», casi grita.

Es probablemente el corte más vehemente y apasionado de un álbum que, en realidad, tiende más a ser un ejercicio de serenidad en medio de la debacle. Principal diferencia de discos como «21», en los que su desesperación era capaz de «prenderle fuego a la lluvia».

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Para sus oyentes más ávidos, de algo más de ritmo y de temas más próximos a la contemporaneidad, están «Can I Get It», con la guitarra como raro protagonista que junto a Max Martin, recuerda a las composiciones de Ed Sheeran. Y «Oh My God», que será otro de los temas destacados, con un bombo a negras que retrotrae a «Rolling In The Deep» en el que dice: «No tengo por qué explicarme ante ti».

En resumen, y aunque suena a cliché, es «30» un disco de madurez. Menos inmediato, que, sin «singles» claros (como lo es «Easy On Me», el único publicado hasta el momento), arrancará fuerte en ventas por la inercia de sus predecesores. Pero solo el tiempo y la necesaria paciencia del público dirán si cala igual en las listas que en sus corazones.

 

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